Obsesividad y creatividad en los tiempos del COVID (3 de 3)

caosCuando el pensamiento «mágico» (ver: Pensamiento mágico en tiempos del COVID (2 de 3)) no basta, el psiquismo comienza a desarrollar estrategias mentales que le permitan tomar el control de la situación que lo amenaza. Esta es la defensa obsesiva en toda su manifestación. Ante la imposibilidad de actuar en la realidad para procurar la seguridad y neutralizar el peligro, la mente comienza a generar pensamientos que me tranquilizan porque me generar la sensación de estar retomando el control de la situación que realmente está fuera de mis manos.

Este tipo de defensas las vemos con claridad ante la contignencia sanitaria que vivimos. Mucha gente se tranquiliza al escuchar o leer explicaciones «lógicas» que le den sentido lo que está pasando. Entender la realidad es un requisito básico para calmar la angustia ante la incertidumbre. Cuando la ciencia o la religión (o cualquier Otro significativo a quien yo le confiera autoridad) me explica las razones por las cuales pasa lo que que pasa, me calmo.

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Evidentemente habrá diversas variables en juego en cuanto a cómo elijo ese agente externo a quien le confiero una autoridad y por lo tanto voy a creer en lo que diga o escriba. Algunos solo confían en la ciencia dura y exigen datos empíricos que demuestren lo que se dice. A otros les basta que una persona de su admiración o estima diga algo para creerle. Un grupo intermedio será capas de escuchar diversas opiniones o revisar datos y sacar sus propias conclusiones.

descarga (1)Aquí nuevamente podemos observar desviaciones hacia la obsesividad y el comportamiento compulsivo cuando las explicaciones que busco y obtengo lejos de calmarme me alarman mas. Cuando esto ocurre, el pensamiento comienza a desarrollar teorías tremendistas en las que elimino la incertidumbre sustituyéndola por certezas sobre una realidad apocalíptica en la que yo mismo me provoco miedo y por ende comienzo a sobreinterpretar la realidad desde esta perspectiva pesimista. Esta es una de las razones por las que es muy importante cuidar la calidad y veracidad de la información que leemos y difundimos por redes sociales, ya que los materiales sensacionalistas generan más caos del que la realidad ya presenta.

images (1)Evidentemente si los pensamientos tremendistas se articulan con los pensamientos paranoides que trate en el post anterior (_____) tenemos las teorías de la conspiración. Estas pueden parecernos divertidas en las películas de ciencia ficción, pero en la vida real pueden generar comportamientos poco favorables ya que la paranoia colectiva tiene a exacerbar la agresividad y la necesidad de buscar culpables a quienes se buscará «hacer pagar» por la frustración causada.

Regresando al pensamiento asertivo, una vez calmada la ansiedad frente a la incertidumbre, el pensar me permite  desarrollar estrategias para «sobrevivir» el confinamiento o incluso volverlo productivo. Si en este nivel se articula además la creatividad y la capacidad para la sublimación, el individuo puede generar oportunidades en la crisis, encausando el pensamiento estratégico hacia acciones realistas que además de tranquilizar el miedo frente al peligro, generar bienestar.

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Las personas que están «aprovechando» el encierro ya sea para hacer ejercicio, arreglar su casa o emprender nuevos negocios están utilizando estas defensas obsesivas que podemos denominar asertivas, sanas, «al servicio del Yo». Evidentemente habrá también quien utilice la misma realidad para torturarse con pensamientos tremendistas que pueden provocar serios problemas de salud mental.

 

 

 

Pensamiento mágico en tiempos del COVID (2 de 3)

El pensamiento puede tener muchas vertientes… si hablamos de defensas obsesivas, nos referiremos específicamente a los pensamientos que buscan controlar la situación que estoy registrando como peligrosa (ver Limpieza y obsesividad en los tiempos del COVID (1 de 3)). El ejemplo más generalizado de esto son las manifestaciones verbales que invocan cualquier fuerza extranatural (Dios, el Universo y la suerte) a la cual me encomiendo en búsqueda de protección. Cada vez que el pensamiento me lleva a frases como «ni lo mande Dios» o «con suerte no me pasa» o «si Dios quiere» o «ya estaba escrito», se están activando mis defensas obsesivas con pensamientos que calman mi miedo ante un evento que me asusta y ante el cual no puedo ni huir ni atacar.

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Estas frases de autoconsuelo suelen funcionar «mágicamente» tranquilizando la sensación de amenaza generando una ilusión de protección. En este nivel, se articula también la necesidad de pedir ayuda ante la vulnerabilidad en la que el peligro me coloca. Para algunas personas con características dependientes, tienen a presentar comportamientos infantiles a partir de estos pensamientos ya que la defensa obsesiva se articula con sentimientos de minusvalía que los hacen sentir incapaces de resolver situaciones sin la ayuda del otro. En estos casos, las defensas obsesivas pueden virar «en contra del yo» al servicio del masoquismo atacando al sujeto haciéndolo sentir incapaz aumentando la sensación de vulnerabilidad generando un peligro interno además de la amenaza realista. En estos casos las defensas obsesivas en vez de ser asertivas, provocan malestar y pueden contribuir a generar un estado depresivo.

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Otra versión nada sana del pensamiento mágico consiste en generar fantasías sobre fuerzas extranaturales amenazantes que lejos de tranquilizar exacerban el miedo. Aquí es importante discernir entre el pensamiento obsesivo (insistente, pegajoso y recurrente) y el pensamiento paranoide. La sutil diferencia es que en la paranoia se pierde el contacto con la realidad y la temática de los pensamientos es de desconfianza hacia los demás y hacia la realidad misma. En estos casos, el individuo se siente atacado por el medio y tiende a comportarse de manera agresiva ya que se vive constantemente agredido y malintepreta todo «en su contra».

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Limpieza y obsesividad en los tiempos del COVID (1 de 3)

Laura Elena Ferrón

La pandemia y el encierro suelen despertar conductas compulsivas de limpieza y orden. Si bien por una parte el combate al virus requiere aumentar las medidas de higiene como el lavado de manos y superficies para eliminar el riesgo de contagio, algunas personas llevan estas recomendaciones a extremos insospechados. No es que el COVID provoque trastorno obsesivo compulsivo en todas las personas, pero si suele detonar defensas obsesivas.

A continuación quiero explicar el funcionamiento obsesivo del psiquismo para identificar cuando las conductas caen en comportamientos patológicos que deben atenderse y cuando son defensas sanas y estrategias de resilencia. En este primer post,  explico que son y como funcionan las defensas obsesivas y trabajo la «obsesión con la limpieza y el orden» durante la cuarentena (y en general) tanto en su dimensión resilente como patológica. En los dos posts siguientes abordaré el pensamiento mágico y el pensamiento estratégico abordando también sus aspectos sanos e insanos.

Defensas Obsesivas

Como expuse en otro texto (Salud Mental ante el COVID 19: Trauma y precariedad) la relación entre el peligro real y el peligro psíquico que Covid puede representar. El organismo responde frente a la amenaza a partir de sus aprendizajes previos. Aunque utilizo el término «aprendizaje» no necesariamente implica un proceso cognitivo, voluntario y consciente. La mayoría de nuestros aprendizajes son inconscientes y se construyen a partir de las experiencias que vamos teniendo en la vida. De manera innata, el cuerpo reacciona con los dos mecanismos básicos de defensa ante el peligro: la huida y el ataque. Cuando estos fallan (ya sea porque no son posibles en la realidad o porque a pesar de activarlos el peligro persiste), se activan otros mecanismos.

Las denominadas defensas obsesivas son algunos de los mecanismos de defensa que se activa cuando no es viable huir o atacar. Estas defensas son propiamente psíquicas y humanas ya que se desarrollan a partir de la represión de los instintos naturales para sostener el lazo social y la civilización. Es decir, el humano como animal social no puede andar desplegando conductas de huida y ataque cada vez que se siente amenazado porque no podría establecer un vínculo con otros humanos (que suelen ser las principales amenazas). La represión de la acción lleva al pensamiento, en la fantasía puedo huir y/o atacar sin repercusiones en la realidad que me demanda un comportamiento civilizado.

Orden y Limpieza: Controlando el Caos.

Dentro de las peores amenazas para el psiquismo están la incertidumbre y la impotencia. La contingencia sanitaria nos expuso a ambas. No saber que va a pasar y no poder hacer nada al respecto… la pérdida de control absoluta…

 

 

 

 

Crisis de Ansiedad, ¿Qué Son y Cómo Manejarlas?

Por: Francisco Jiménez

Vivimos en un país en el que desafortunadamente la vida cotidiana esta compuesta por varios elementos que nos generan estrés. El tráfico, la falta de oportunidades laborales, un malestar social general y la inseguridad colaboran a que nuestro día a día este lleno de sensaciones negativas y angustiantes. Estos factores, sumados a que tenemos una sistema de salud pública deficiente, han dado como resultado que el estrés y la ansiedad tengan una prevalencia del 14.3% de la población, lo que equivale a aproximadamente 19 millones de personas. Por ello, es sumamente importante conocer la sintomatología que estas patologías pueden generar, para así en un principio poder manejarlas y posteriormente atenderse de forma oportuna.

Que es la ansiedad?

La ansiedad es un sistema de alerta del organismo ante situaciones consideradas amenazantes, es decir, situaciones que nos afectan y en las que tenemos algo que ganar o que perder. El concepto de ansiedad está pues estrechamente vinculado a la percepción de amenaza y a la disposición de respuestas frente a ella. La función de la ansiedad es advertir y activar al organismo, movilizarlo, frente a situaciones de riesgo cierto o probable, quimérico o real, de forma que pueda salir airoso de ellas. Dependiendo de la naturaleza de las amenazas, o adversidades, la ansiedad nos preparará:

-para luchar, enfrentar o atacar el posible peligro o problema

-para huir del posible peligro o amenaza

-para evitar las situaciones aversivas o temidas

-para buscar apoyo, elementos de seguridad y protección

-para dotarnos de las herramientas o conocimientos que permitan sortear los riesgos y/o acceder a nuestros objetivos.

La ansiedad implica tres tipos de aspectos o componentes, estos son:

Cognitivos: anticipaciones amenazantes, evaluaciones del riesgo, pensamientos automáticos negativos, imágenes importunas, etc.

Fisiológicos: activación de diversos centros nerviosos, particularmente del sistema nervioso autónomo, que implica cambios vasculares, respiratorios, etc.

Motores y de conducta: inhibición o sobreactivación motora, comportamiento defensivo, búsqueda de seguridad, sumisión, evitación, agresividad, etc.

Es entonces, que la ansiedad funciona como un mecanismo de reacción ante situaciones estresantes. Sin embargo, hay ocasiones en que la ansiedad puede no estar provocada por un estímulo “aparente”, es decir puede que pensemos que no tenemos un preocupación real. No obstante lo síntomas se manifiestan. Cuando esto sucede se habla de que estamos ante una crisis de ansiedad.

Una crisis de ansiedad, se caracteriza por varios síntomas, sin embargo su principal característica es que inicia de forma súbita y sin motivo aparente. Los síntomas que indican una crisis de ansiedad son los siguientes y alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 minutos del evento:

1. palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca

2. sudoración

3. temblores o sacudidas

4. sensación de ahogo o falta de aliento

5. sensación de atragantarse

6. opresión o malestar torácico

7. náuseas o molestias abdominales

8. inestabilidad, mareo o desmayo

9. desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo)

10. miedo a perder el control o volverse loco

11. miedo a morir

12. parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo)

13. escalofríos o sofocaciones

¿Cómo manejar las crisis?

Si se padece un cuadro de este tipo, es importante tener claro que no sucederá nada mas negativo que la mera sensación. Muchas personas suelen aumentar su ansiedad al pensar que estos síntomas son indicador de alguna otra enfermedad más grave, lo que les lleva a mantener un estado de ansiedad más prolongado.

Una técnica sencilla que puede colaborar para aminorar los síntomas y poder salir lo más pronto posible del cuadro de ansiedad es:

1. Sentarse en un lugar cómodo donde se pueda reposar la espalda.

2. Colocar las manos sobre las rodillas con las palmas hacia abajo.

3. Comenzar a palmear las rodillas siguiendo un ritmo, el que sea, puede ser en un inicio acelerado, sin embargo es importante mantener un ritmo durante al menos 10 minutos.

De esta manera, se estará estimulando a nuestro cerebro a mantenerse concentrado a pesar de los síntomas. Lo que permitirá que estos se reduzcan de forma gradual y sea más sencillo superar el cuadro de ansiedad.

Una vez superada la crisis de ansiedad, es fundamental que se busque tratamiento, pues en la mayoría de las situaciones, quien pasa por un episodio así comienza a tener temores de que se repita lo que suele impactar en su vida cotidiana. Del mismo modo, es importante mencionar que la ansiedad esta vinculada con síntomas depresivos. De ahí la gran importancia de atenderse con especialistas que le ayuden a identificar cuales podrían ser las verdaderas causas de la ansiedad y así prevenir problemas mas graves.

Psicologos con formación clínica, psicoanalistas y psiquiatras son los más adecuados para trabajar una situación de ansiedad. Es muy probable que dependiendo el caso, se requiera del apoyo de tratamiento farmacológico por un tiempo para poder superar y manejar las crisis de ansiedad. Así que si padeces una situación de ansiedad o alguien cercano a ti, es necesario que busquen atención especializada para evitar que la ansiedad impacte en su vida cotidiana.

Empatía, Capacidad Para Cambiar Al Mundo.

Por: Francisco Jiménez

El mundo actual esta pasando por varias circunstancias que diariamente nos generan estrés, depresión y diversos trastornos emocionales que dan paso incluso a molestias físicas importantes.

Los avances tecnológicos nos han permitido tener una conexión casi inmediata con todos los que nos rodean, sin embargo el contacto virtual ha comenzado a sustituir progresivamente el contacto físico y afectivo directo con nuestro medio. De ello que las personas mas asiduas a las redes sociales tienden a mantener un pensamiento principalmente narcicista, es decir, muestran más interés respecto a lo que los demás pueden hacer por ellos que viceversa.

De este modo nos vemos enfrentando diariamente a personas enojadas, hostiles, poco tolerantes y con nulo interés por el otro. El aumento de la violencia, si bien tiene una explicación más profunda, colabora en mantener una conducta constantemente defensiva al salir a la calle. Es entonces cuando al ser víctimas de un asalto, tenemos presión económica o pasamos por un mal momento buscamos el entendimiento y comprensión de los otros, pero ¿Qué tanto lo hacemos por los demás?.

La empatía, podría en este caso intervenir y ser de gran ayuda. Esta es la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que el otro individuo puede sentir. De este modo, si comenzáramos a “ponernos en el lugar del otro” podríamos entender el comportamiento de los demás, lo que nos facilitaría evitar enojos, malos ratos e incluso contagiarnos de emociones negativas.

Un ejemplo. Si iniciamos el día de buen humor, tomamos el desayuno, subimos al transporte público y el conductor/taquillero nos recibe de mal humor, ¿Porqué dejarnos contagiar?. Si aplicamos la empatía podríamos entender que quizá esta cansado, frustrado, etc. Lo que si bien no justifica su mal comportamiento, nos permite trazar una linea divisoria para entender que la emoción negativa es de el. Al no responder a la agresión y no dejarnos contagiar estaríamos evitando que tanto el conductor como nosotros nos conflictuemos más.

Del mismo modo, la empatía colabora en mantener una buena comunicación con nuestro medio, ya que si observamos que algún familiar, amigo o colega cambia súbitamente de estado de ánimo podríamos acercarnos al menos a mencionar que notamos ese cambio. En ese momento se estaría llevando a cabo lo que los especialistas llamamos la elaboración de una “red de apoyo”. Situación que si se practicará mas cotidianamente se evitarían depresiones, episodios de ansiedad e incluso suicidios.

Así que quizá para mejorar las situaciones que nuestra sociedad esta pasando actualmente, poner en práctica la empatía podría ser una buena herramienta de inicio para cambiar las cosas desde nuestra trinchera.

La Ira en Tiempos del COVID: Anger Management

El «manejo de la ira» o «anger management» es el nombre que se ha dado a una variedad de técnicas que apoyan en el afrontamiento de la ira. La violencia, la agresividad y la furia son síntomas y rasgos que se exacerban en situaciones como las que vivimos actualmente con la pandemia del COVID. La ira es una emoción básica que se activa ante el peligro, ya sea ante amagos en la realidad externa o amenazas internas.

Muchas veces al enojarnos sentimos que nos transformamos en un monstruo. Y la gente a nuestro alrededor puede tener la misma impresión. La ira nos transforma en un ser que solo destruye todo lo que encuentra a sus paso (incluidos nosotros mismos). Con frecuencia después de un “episodio de ira”, podemos sentirnos avergonzados y culpables por el comportamiento de nuestros monstruos. La vergüenza y la culpa suelen hacer que neguemos la existencia del monstruo interno y que más bien busquemos minimizar nuestras reacciones dificultando la posibilidad de modificar nuestra conducta. Un primer paso en el manejo de la ira consiste en reconocer al monstruo y lo que lo detona.

En un segundo momento, habrá que hablar con el monstruo y hacerlo tu aliado en vez de tu enemigo. En terapia, el paciente debe explorar de donde viene su monstruo y regularmente encontramos que se constituyó en un pasado remoto como defensa ante algún peligro terrible.

Ante las contingencias que estamos viviendo, es muy relevante tomar esto en cuenta. Hay mucha gente enojada por la pandemia. Indignados con el estado y los servicios de salud deficientes. Impacientados con las especulaciones sobre una posible recesión económica a nivel mundial. Fastidiados por no poder salir de casa. Encolerizados con la gente que no obedece las indicaciones de quedarse en casa. Enfadados con los que si pueden resguardarse y seguir cobrando un sueldo mientras otros no pueden darse el lujo de no salir a trabajar. Y podría seguir infinitamente listando detonantes para despertar monstruos….

Una tercera fase en el manejo de la ira consiste en utilizar su fuerza para empoderar el Yo y canalizar la ira en formas positivas y creativas en vez de estallidos destructivos. Para ello tenemos que ser creativos y utilizar la potencia de la furia en otras cosas. Una recomendación fundamental para quienes se sienten muy enojados en esta cuarentena es buscar la forma de hacerse en casa un espacio donde puedan descargar físicamente la ira. Idealmente utilicen equipo de boxeo (guantes, vendas y costal) pero si no tienen, acondicionen una esquina con almohadas (es importante no lastimarse al pegar) y vendas normales para protegerse las manos (chequen tutoriales en Utube). Escriban textos enojados, verbalicen sus frustración con amigos y familiares para que no sientan la necesidad de sacar el monstruo destructivamente.

El ejercicio, un medicamento multifuncional y natural.

Por: Francisco Jiménez

Es bien sabido que las instituciones y programas de salud pública realizan campañas varias veces al año con el fin de motivar la actividad física en la población. Sin embargo, pocas veces se dan a conocer las ventajas a nivel físico y psicológico que el ejercicio genera.

Para empezar, es importante mencionar la fabulosa relación que existe entre el bienestar psicológico y la salud física. Todo estado de ánimo tiene un impacto directo en nuestro cerebro, por lo que este ante determinados estados de ánimo segrega sustancias llamadas neurotransmisores. Estos son responsables de respuestas físicas en nuestro cuerpo, tales como la contracción muscular y la activación del “sistema de alerta” del sistema nervioso.

Ahora bien, una de las ventajas principales de la actividad física, es que esta favorece la producción de “dopamina”, neurotransmisor dedicado a la sensación de placer, aumento del apetito sexual y estimulación de emociones positivas. De este modo una breve rutina diaria de ejercicio sirve como antidepresivo y ansiolítico natural, lo que permitirá que el sujeto sea menos propenso a padecer enfermedades como depresión y ataques de pánico.

Asimismo, actividades aeróbicas como el correr, nadar y usar bicicleta estimulan la producción de “acetilcolina” y “noradrenalina”, las cuales favorecen la atención, memoria, aprendizaje y la sensibilidad frente a señales emocionales. Es entonces que actividades como las ya mencionadas, ayudarán a manejar de forma mas satisfactoria y efectiva las situaciones sociales. Del mismo modo facilitarán la adaptación de personas que estén en etapa escolar o atravesando un proceso de aprendizaje.

El ejercicio físico estimula el sistema inmunológico, ya que facilita la eliminación de sustancias nocivas del organismo, y propicia la regeneración del mismo. También favorece el incremento del número de linfocitos (glóbulos blancos) disminuyendo el riesgo de aparición de enfermedades al tiempo que regula los estados de sueño.

Otro aspecto positivo del ejercicio es que gracias a la activación del sistema nervioso y el aumento del ritmo cardiaco, facilita la oxigenación de la sangre lo que impacta en la coagulación de la misma y la disminución de malestares como el dolor de cabeza y migrañas.

Buscar una actividad física que se adapte a las necesidades y tiempos de cada uno, debe ser una decisión que se tome como prioridad, pues como se mencionó anteriormente esto ayudará a evitar malestares físicos y por ende situaciones emocionales negativas.

Mas allá de realizar una rutina de ejercicios por vanidad, es fundamental para mantener un estado de ánimo lleno de emociones positivas, ímpetu y felicidad. Por ello, los especialistas de la salud mental, sobretodo los psicólogos, recomendamos dedicar tiempo al deporte y prevenir así trastornos relacionados con la ira, la tristeza y la insatisfacción.

Salud Mental ante el COVID 19: Trauma y precariedad

Por: Laura Elena Ferrón

La pandemia mundial que nos acontece nos enfrenta con una crisis para muchos sin precedentes. Escuchamos noticias o leemos redes sociales que nos advierten constantemente del peligro. La sensación de sentirnos constantemente amenazados suele despertar sentimientos de precariedad, percibirnos indefensos ante la incertidumbre y la impotencia.

El humano, como cualquier animal, reacciona ante las señales de peligro activando su sistema de alerta. Esto le permite defenderse del peligro a través de dos mecanismos principales: la huida y el ataque.

El mecanismo de huida es el más adaptativo. La mejor forma de evitar el peligro es la retirada. En este sentido, el AISLAMIENTO SOCIAL recomendado como medida para evitar el contagio obedece a este mecanismo. La emoción correspondiente a la huída es el miedo. La población que voluntariamente se ha recluido a sus hogares sigue su instinto de supervivencia atendiendo el temor que provoca la información sobre la pandemia y se resguarda esperando que pase el peligro. El aislamiento social y el confinamiento conlleva otros peligros.

La agresividad es otro mecanismo de defensa ante el peligro. Este se activa cuando el sujeto no ve viable la huida. La emoción que acompaña esta respuesta es la ira. Muchas personas que no pueden quedarse en casa a resguardarse de la amenaza o para quienes el aislamiento social implica un peligro muestran signos de irritabilidad en vez del nerviosismo o la ansiedad que el miedo generalmente provoca.

La combinación del miedo con encierro e incertidumbre provoca un desgaste en la capacidad de residencia. Conforme el tiempo transcurre, si el estado de alerta no disminuye, el sujeto empieza a presentar signos de estrés. Este tiene componentes fisiológicos y psíquicos como respuesta a la prolongada exposición al peligro. Cuando las señales de alarma no disminuyen y el organismo se encuentra atascado sin poder huir o defenderse, comienza a desarrollarse la vivencia de un trauma.

El trauma psíquico se vive como una herida o ruptura de la mente. Igual que el trauma físico (lesión, fractura u otro tipo de daño corporal), se provoca cuando una condición del medio sobrepasa los mecanismos de protección del organismo. Por ejemplo, una cortadura en la piel se da cuando una superficie filosa sobrepasa la resistencia natural de la piel dejando expuestas las capas inferiores. Esto provoca un sangrado que favorece la limpieza natural de la herido y al coagular se restablece y cierra dejando una cicatriz. El psiquismo funciona igual. El problema con las situaciones traumáticas es que tienden a remover otras heridas (como si uno cortara de nuevo sobre la cicatriz) generando mucha confusión ya que a diferencia de la herida en la piel que es visible, la herida psíquica duele pero no se ve.

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La forma mas sana de enfrentar el trauma es a través de la creatividad. Las situaciones límite nos confrontan con la imposibilidad y es importante asumirla pero también utilizar la motivación de los mecanismos adaptativos (el miedo y la ira) para crear soluciones. El miedo nos permite protegernos, la ira defendernos. Estas emociones adecuadamente canalizadas apuntalan la capacidad de resilencia frente al trauma.

APROXIMACIONES A LA OBESIDAD DESDE EL PSICOANALISIS

Por: Aideé López Líñan

Como es bien sabido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera los trastornos de alimentación una de las epidemias que caracterizan el siglo XXI, por tal motivo es lícito afirmar que la obesidad es un síntoma de nuestra época. Este problema se ha agudizado por varias razones, entre ellas el estilo de vida actual, el consumo desmedido de productos con alto contenido calórico, el sedentarismo, el avance de la tecnología, etcétera.

Sin duda, al revisar las diferentes posturas que intentan explicar la problemática asociada a la obesidad, encontramos con frecuencia que se echa de menos alguna reflexión sobre la época y la forma como ésta determina la subjetividad y los síntomas actuales: la obesidad es un síntoma de la época y el obeso es el sujeto paradigmático de una sociedad de consumo insaciable. Una sociedad globalizada, donde la producción de objetos tecnológicos a gran escala (gadgets) son destinados a ser reemplazados por los de nueva generación. Lo anterior, aunado a otros aspectos de la sociedad actual, como la cultura “Light” y del “llame ya!!” trae como consecuencia la aparición de nuevos síntomas psíquicos y la búsqueda de una supuesta satisfacción inmediata – como la que ofrecen los mencionados gadgets- que el psicoanálisis no debe desestimar.

Aparentemente, estos objetos tecnológicos están simplemente al servicio de las personas, sin embargo es evidente que se vuelven impredecibles y “organizan” la forma de relación con los otros, la temporalidad y la manera de disfrutar. Se introducen cada vez más a la intimidad de las personas hasta tomar el lugar de “partenaire” (pareja), y como consecuencia se promueve la proliferación de una búsqueda de la satisfacción en solitario, lo que da cuenta de que el interés se desplaza de la relación con los otros a la relación con el objeto: compañero fiel y poco problemático, a diferencia de las relaciones interpersonales que se ven cargadas de dificultades.

En este orden de ideas, se puede afirmar que la época actual se caracteriza y da lugar a los llamados trastornos de alimentación, en tanto, en ciertos casos particulares vemos como la comida suele ocupar también ese lugar de pareja que acompaña al sujeto en su lucha frente al diario vivir. Veamos por qué…

El ser humano, a diferencia de la creencia popular que invade la forma de pensar en la actualidad, no es un sujeto de la necesidad. Por ejemplo, para el infante es más importante el amor que le procura el Otro primordial, el Otro materno, que la satisfacción de la necesidad. En otras palabras, al niño le interesa la madre y accede a sus demandas de alimentación, de higiene, etc. por amor. Siendo así, el alimento es un intermediario entre el niño y la madre, y es el objeto en torno al cual se pone en juego la pulsión oral – no el instinto de comer.

Sólo desde esta perspectiva se puede entender, tanto el valor subjetivo que tiene la relación con la comida, como los grandes desarreglos que se producen en torno a la alimentación. Así, la anorexia, la bulimia y la obesidad muestran que para el ser humano la relación con el alimento puede estar absolutamente perturbada. En este orden de ideas entendemos por qué se dice que algunas personas «se comen sus problemas». Lo que queda de manifiesto es que se presenta un conflicto tanto con su propia subjetividad, es decir, cómo cada quien enfrenta el sufrimiento y los problemas cotidianos, así como el lazo que los une con los demás, situación que por sí misma supone dificultades.

Por ejemplo, si la anoréxica “come nada”, el obeso tiene una boca que no termina de llenarse. En ambos casos el sujeto hace un uso particular del alimento, lo convierte en un objeto de satisfacción que sustituye algo que no puede enfrentar adecuadamente, que puede llegar a ser mortífero.

El sujeto obeso intenta llenar un vacío, de tal forma que queda atrapado en las redes del consumo. Al sentirse extranjero en su propio cuerpo, suele aceptar todo lo que viene del exterior renunciando a sí mismo. Así se convierte en un sujeto que debe consumir sin parar, con el fin (imaginado) de que de esa forma dejara de sentirse vacío, aunque paradigmáticamente su estómago esté siempre lleno. El problema de la obesidad, desde el punto de vista psicoanalítico, no termina de solucionarse con dietas o cirugías. Es de fundamental importancia poder pensar porqué dentro del contexto social que empuja al consumo excesivo. Es importante tener en cuenta la dimensión psíquica que en la nueva subjetividad de la época del consumo empuja a unos sujetos a elegir la comida, otros las drogas y otros a rechazar todo consumo.

En este sentido, una alternativa al tratamiento de la obesidad tiene que ver con tener en mente que la relación del sujeto con la comida y su cuerpo depende indudablemente de su historia personal, de eso que lo hace una persona original y única. Por lo tanto, no se puede abordar seriamente el tratamiento de un problema vinculado a la alimentación y al cuerpo desconociendo lo que concierne a la subjetividad, ya que únicamente en la medida en que el sujeto obeso puede hacerse responsable de su posición podrá comenzar a cuestionar algo de esa plenitud que lo ahoga. De tal forma que, aunado a las dietas, las cirugías y los programas de ejercicio, un tratamiento psicoanalítico es una excelente alternativa para trabajar estos conflictos.

Anger Management: Entrenamiento para el manejo de la agresión

Por: Laura Elena Ferron

La agresividad tiene mala fama en nuestros días. Ser violento o explosivo resulta un defecto. Sin embargo, es necesario detenernos a analizar a que le llamamos violencia y como entendemos la agresividad y la ira. Al detenernos a analizar, es curioso que típicamente solemos nombrar como violento lo que realmente no lo es al mismo tiempo que con facilidad no se identifica lo que realmente es violento. Por ejemplo: hacer berrinches NO es violencia, es un manejo inadecuado del enojo y de la frustración.  Ignorar a un ser querido o forzarlo contra su voluntad SÍ es violento.

¿Que es la agresión?

La agresividad es una manifestación humana muy compleja. Contiene un sustrato biológico importante y corresponde al sistema de supervivencia de un individuo. La respuesta agresiva del humano es común a la de los animales en tanto funciona como defensa ante algo que se interpreta como peligroso. La diferencia fundamental ente el humano y el animal es la interpretación de la realidad como peligrosa. La interpretación dependerá en gran medida de la historia de vida y el aprendizaje de cada individuo.

Así, algunas personas identifican como peligro a su autoestima alguna situación y responden a esta con agresión. Estas personas tienden a identificarse como explosivas. Suelen ser individuos con dificultades para modular sus emociones, sus impulsos y sus afectos. En ocasiones, presentan baja tolerancia a la frustración, por lo que se desesperan muy rápido y suelen hacer berrinches con facilidad. También hay personas que se aguantan demasiado ante las frustraciones del medio, acumulan su enojo y de pronto estallan en ira ante un evento que proporcionalmente no corresponde a la reacción. En ambos grupos, hay un problema en la interpretación del estímulo de la realidad y la reacción ante este.

Por otra parte, hay personas no interpretan como agresivos los estímulos o bien son capaces de no tomar a título personal las cosas que ocurren. Estas personas presentan una adecuada tolerancia a la frustración y generalmente pueden manejar sus emociones y expresar el enojo de manera asertiva.

También hay personas pueden no sólo no se defienden de la agresión o el peligro del medio sino que incluso tienden a exponerse aún más a dichas situaciones. Se trata en ocasiones de individuos tan acostumbrados al maltrato y a la violencia que para ellos es algo normal y por lo tanto esperado. Son personas que se manifiestan deprimidas, ya que la agresión la dirigen contra sí mismos en vez de dirigirla hacia afuera como el caso del primer grupo descrito.

¿Que es la violencia?

La violencia dista de la agresividad en cuanto tiene como efecto hacer daño. Si bien la agresividad es una defensa natural del organismo, la violencia implica dañar independientemente de sí hay o no una estrategia de defensa. Dañar sin razón no se considera algo natural. Evidentemente el daño puede darse en distintos niveles. El más evidente es el físico, en los golpes por ejemplo. Sin embargo, el daño psicológico es en ocasiones más perjudicial que el físico y suele ser invisible.

A grandes rasgos, hay dos grandes grupos de personas que ejercen la violencia, aquellos que la disfrutan y aquellos que la actúan a manera de defensa desproporcionada. En el primer caso, ameritan el título de Sadismo, entendido como individuos que disfrutan haciendo daño a los demás. Afortunadamente estos casos son relativamente pocos.

La mayoría de los cosas de violencia corresponden al segundo grupo. Se trata de personas que presentan dificultades en el manejo de la agresión que en sus explosiones o berrinches causan daño a las personas a su alrededor. Estas situaciones son muy complicadas, ya que el individuo en una situación así, suele sentirse muy culpable al darse cuanto del daño que provoca, desarrollando un círculo vicioso de autodevalaucion. Esto propicia que siga interpretando inadecuadamente la realidad, sintiéndose atacado y debido a su baja tolerancia a la frustración tanto interna como externa, retroalimenta su conducta violenta.

Sí te identificas en alguno de los grupos descritos, busca ayuda profesional. Contactanos y te daremos orientación sobre el tipo de apoyo que tu necesitas.